La concepción de la naturaleza ha evolucionado: en la visión contemporánea que propone el marco curatorial “Ciudad Natural”, esta se despoja de la idea de territorio pasivo y virgen para ser entendida como un artefacto cultural, vivo y un espacio político como lo expresa Paulo Tavares. Es en este contexto complejo y situado, que aborda problemáticas sociales, económicas, políticas y ambientales, donde se forja la identidad arquitectónica de nuestra región. La arquitectura, por lo tanto, es un fenómeno cultural arraigado al sitio cuya función esencial es dar cobijo al humano frente a un entorno variable, donde muchos piensan que la cueva y la fogata fue el principio, nosotros estamos del lado que fue debajo de una sombra fresca en un entorno caluroso donde se
inició la humanidad, obligándola a adaptarse a condiciones externas que la configuran intrínsecamente.
El escenario actual, influenciado por la crisis ambiental, ha generado enfoques divergentes sobre la sostenibilidad. Hoy, la arquitectura parece enfocarse en sistemas activos más que en los pasivos; el escenario compone un desfile de aparatosas prótesis
de gadgets tecnológicos, convirtiendo en drag Queens high-tech, mediocres. La banalización de la sostenibilidad, bajo esta concepción seudotécnica y mercadotécnica, aburre a la arquitectura mientras seduce a consultoras y políticos oportunistas. Frente a
esto, reivindicamos la postura de que la sostenibilidad debe ser intrínseca al diseño y debe involucrar, necesariamente, la belleza junto con la responsabilidad.
En respuesta a este contexto, el proyecto para el nuevo Microcine del Colegio de Arquitectos de Misiones surge como una exploración de técnicas híbridas que conjugan el low-tech con el high-tech como una respuesta pertinente al territorio. Se
plantea como “una arquitectura dentro de otra arquitectura”: una oportunidad para interpretar un elemento mínimo habitable, temporal y sencillo que, contenido dentro de un edificio preexistente, materializa una idea que lo trasciende, es decir, que de una
arquitectura micro hay una idea macro.
La sala se materializa en un espacio de 22 m² donde el dispositivo se apoya en un extremo para ser, simultáneamente, respaldo y superficie de proyección. Se genera un aire perimetral que permite el recorrido y la apreciación visual de una tectónica reinterpretada de Mario Soto y Raúl Rivarola; en el prototipo de la escuela que fue desmontado, nace nuestra inspiración para una arquitectura situada y una atmosfera cargada de significado, resultante de la capacidad matérico-técnico-formal de la madera
creando un sistema arquitectónico pertinente del territorio.
Los pórticos se construyen con madera de pino impregnado de diferentes secciones, optimizadas según su función estructural o de cerramiento. Estas piezas, configuradas en “tijera”, otorgan un dinamismo espacial tanto interior como exterior, potenciado por la honestidad de la materia. Las telas dispuestas ante las celosías juegan un rol cinético que favorece la teatralidad propia del cine, generando suspenso y drama mientras incitan al recorrido. Este refugio bioclimático, que funciona con la lógica de un dispositivo exterior adaptado al interior, utiliza una modulación basada en placas fenólicas y secciones comerciales de bajo costo para garantizar eficiencia y sensatez técnica.
Así, este espacio se consolida como un manifiesto del Colegio de Arquitectos de Misiones ante la Ciudad Natural: más que un microcine, es un dispositivo de usos escénicos y un lugar para la introspección sobre lo que fue, es y podría ser la industria maderera en nuestra provincia. Es una apuesta por materializar nuestro tiempo con responsabilidad, abriendo el debate hacia una arquitectura genuinamente contemporánea.